La importancia de pasar al plan «B»

Escribe: Manuel de Jesús Acosta Delgado

Coordinador del Boletín Sociedades

Fuente: depositphotos.com

La actual situación de crisis sanitaria —y por qué no decirlo, también de tipo económica— por la que viene atravesando el país ha supuesto todo un reto no solo para las empresas, sino también para aquellas personas naturales que, teniendo un trabajo, lo han perdido o lo han reinventado para poder sobrevivir junto con sus familias.

¿Era posible prever una situación de esta naturaleza y enfrentar de mejor manera esta crisis? ¿Era posible tener un plan «B» que pudiéramos implementar de manera exitosa en nuestros negocios o en nuestra vida personal? Tal vez, sí. Sin embargo, tener claro ese nuevo plan no es tarea fácil. Ya sea que estemos por iniciar un nuevo negocio o que teniéndolo estamos en proceso para modificarlo.

John Mullins y Randy Kosimar en su libro Mejorando el modelo de negocio (Harvard Business, 2016) exponen diversas experiencias empresariales y sostienen que muchos de los más importantes negocios en el mundo fueron el resultado de un proceso de ensayo y error, es decir, no son como inicialmente fueron pensados —el plan «A»—, sino que estos fueron cambiando a otro que finalmente les dio el éxito: el plan «B».

Pero llegar al plan «B» no es fácil, requiere de un proceso donde es posible fracasar en el primer intento e incluso puede involucrar el factor suerte. Es por esa razón que dichos autores nos proponen un método de cuatro pasos para mejorar el modelo de negocio y lograr el plan «B». Estos son: (i) aspectos a emular de otras compañías, (ii) aspectos a evitar de otras compañías, (iii) realizar actos de fe y (iv) formular instrumentos para la medición del proyecto.

En el primer paso del método podría resumirse en la frase «no reinvente la rueda», es mejor si se puede identificar las buenas ideas ya desarrolladas de otras empresas que coincidan con el negocio que se desea implementar. El segundo paso, por su parte, consiste en evitar aquellos aspectos de algún negocio desarrollado por otras compañías predecesoras que no fueron un éxito.

Hasta aquí los dos primeros pasos requieren de una investigación que podría concluir con la obtención de alguna información cierta; sin embargo, hay aspectos del plan «A» que será imposible obtener alguna respuesta pues puede ser que el modelo de negocio sea muy innovador. Por ello, el tercer paso sugiere, ante dicha incertidumbre, realizar experimentos en base a actos de fe a partir de las creencias o estudios del empresario, pero a menor escala. Así, por ejemplo, se aconseja al inicio no abrir una enorme tienda sino una más pequeña para ver los hábitos de consumo de los clientes y así estimar si su modelo de negocio es el adecuado o no, con ello se evita perder grandes recursos. El cuarto paso exige elaborar un instrumento que permita medir el experimento realizado a menor escala, registrar los aciertos y errores: «Lo que no se puede medir, no se puede mejorar».

No creo que muchas de las personas tomen al pie de la letra este método en sus negocios —sería estupendo que así sea—, pero quiero concluir con una reflexión: el plan «A» puede fracasar en cualquier momento y esta crisis sanitaria nos lo ha demostrado, depende de nosotros hacer el máximo de los esfuerzos para superar esta y las siguientes crisis. Si lo hacemos en base a un método, mejor aún; lo importante es no dejar de innovar —sea en épocas de bonanzas o de crisis— porque siempre será necesario evolucionar y pasar al plan «B».

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