
Escribe: Karol Stefani Padilla Palomino
Miembro honorario del Grupo de Estudios Sociedades – GES
Fuente: Gemini IA
¿Te has preguntado cuándo fue la primera vez que recurriste a la inteligencia artificial (IA)? ¿Cuál es la frecuencia con la que la usas o qué tanto la empleas en tu vida profesional? Quizás muchos ya no recuerden ese primer contacto, precisamente porque la tecnología se ha vuelto tan cotidiana que perdimos el registro de su novedad. Sin embargo, lo que nadie olvida es que la respuesta obtenida en aquel primer encuentro fue sorprendentemente amplia, ordenada, efectiva y rápida.
La abogacía, una disciplina anclada históricamente al valor del precedente, a la solemnidad del papel y al rigor del razonamiento humano, se encuentra hoy en el epicentro de una metamorfosis. La irrupción de la IA ha dejado de ser una simple herramienta de optimización administrativa; hoy, está reconfigurando la médula misma de la praxis jurídica, abriendo un horizonte de oportunidades extraordinarias, pero también de complejos y profundos dilemas éticos.
El objetivo principal de la IA es crear sistemas y programas informáticos que puedan realizar tareas que, cuando se llevan a cabo por seres humanos, requieren de inteligencia, razonamiento y aprendizaje. (EAE Business School Madrid). Por lo que, en el campo profesional la IA no reemplazará a los profesionales, pero aquellos que utilizan IA reemplazarán a los que no lo hacen como lo señala Richard Susskind, quien es un reconocido jurista, académico y autor británico, considerado la máxima autoridad mundial en predecir y analizar el impacto de la tecnología y la IA en el futuro del derecho y el sistema judicial.
Sin embargo, para entender el dinamismo que existe entre la IA y la profesión del abogado se debe precisar que, en el ámbito del derecho, la esencia está basada en la ética, la retórica, la empatía y el juicio moral estos siguen siendo un terreno exclusivamente humano. En ese sentido, el lado humano coloca la barrera y/o límite que aún el algoritmo sistematizado de la IA no ha podido superar. Por lo que, la “máquina” puede procesar la norma, redactar escritos jurídicos formalmente impecables, estructurados con mucha rapidez y provistos de una técnica depurada; sin embargo, carece de la sensibilidad humana, aquella que es capaz de interpretar el lenguaje no verbal como la mirada evasiva de una contraparte en una negociación, el lenguaje corporal de un cliente que revela más angustia que sus propias palabras o el titubeo de un testigo ante un interrogatorio.
Considero que las herramientas tecnológicas actuales como la IA contribuyen a tener un mejor panorama de las incógnitas jurídicas y cotidianas que se nos presenten. Puesto que, nos permite ampliar nuestro conocimiento, conectar y unificar mejor nuestras ideas y, por si fuera poco, optimizar nuestro tiempo. Por lo que, el reto de los profesionales es adaptar esta nueva dinámica tecnológica al desarrollo de sus actividades laborales, siendo cada vez más eficientes y responsables. En ese sentido, se debe verificar que la información proporcionada por la IA sea jurídicamente razonada y coherente con los hechos materia de indagación, esto a efectos de garantizar una correcta empleabilidad.
En conclusión, se debe tener claro que la IA no podrá extinguir la profesión del abogado, porque la esencia del derecho se basa en un conflicto humano, el cual mezcla valores éticos, la empatía y la persuasión al momento de resolver el conflicto; por lo que, capacidad humana de poder interpretar el lenguaje no verbal y el sentido crítico la hace irremplazable.
Referencias
Quesada, Jesús (2026). «Meta compra Moltbook, la red social viral para agentes de inteligencia artificial». National Geographic España. https://acortar.link/0H8tym
NTT DATA. «Qué hacen diferente los líderes en IA». https://acortar.link/XJKPCj