Depende, pero ¿de qué?

Escribe: Carol Grimaldo Sánchez

Miembro honorario del Grupo de Estudios Sociedades – GES

Fuente: Gemini IA

“Doctor, una consulta rápida: ¿puedo hacer esto?”. Creo que quienes ejercemos el Derecho hemos escuchado esta frase más veces de las que podemos contar. Y casi siempre, después de escucharla, sabemos que hay algo que el consultante todavía no sabe: probablemente la respuesta no será tan rápida.

Con el tiempo, he aprendido que una de las palabras que más utilizamos los abogados y que menos gusta escuchar a quien hace una consulta es “depende”.

A veces incluso parece una mala señal. Puede sonar a inseguridad, falta de experiencia o, simplemente, a que no sabemos qué responder. Quizás por eso, cuando alguien nos pregunta algo, existe una cierta presión por dar inmediatamente un “sí” o un “no”, como si una respuesta categórica fuera siempre una mejor respuesta.

Pero la práctica suele demostrar lo contrario.

Una pregunta jurídica rara vez puede analizarse aislada de los hechos. Una fecha, una cláusula, una comunicación, la manera en que ocurrió determinado evento o incluso un detalle que en principio parece irrelevante puede cambiar por completo la conclusión. Por eso, antes de responder, muchas veces toca preguntar: ¿cuándo ocurrió?, ¿qué se firmó?, ¿qué se comunicó?, ¿quién lo hizo?, ¿qué pasó después?.

Al principio, hacer tantas preguntas puede parecer una manera de complicar innecesariamente una consulta sencilla. Con algo de experiencia, uno empieza a entender que esas preguntas son, precisamente, parte de la respuesta.

Creo que ahí está la verdadera diferencia. El problema no es decir “depende”. El problema sería decir únicamente “depende” y dejarlo ahí.

Un buen abogado debería poder explicar de qué depende. Debería identificar qué hechos son relevantes, qué información falta, qué escenarios pueden presentarse y, finalmente, asumir una posición cuando ya existen elementos suficientes para hacerlo.

Curiosamente, quizá una de las cosas que más cambia con la experiencia no es cuánto sabemos, sino cuánto hemos aprendido a no apresurarnos a responder. A veces, la respuesta más profesional no es la más rápida ni la más contundente, sino la que se toma el tiempo de entender bien el problema.

Y eso me hace pensar que el “depende” no debería ser visto como una señal de duda, sino como una señal de prudencia. Hay que reconocer que una respuesta necesita más contexto no significa desconocer el Derecho; significa entender que el Derecho no se aplica en abstracto, sino sobre hechos concretos.

Al final, aquella palabra que a primera vista parece una respuesta poco satisfactoria puede ser, en realidad, el comienzo de una buena respuesta. Porque en Derecho, muchas veces, la respuesta más honesta y útil comienza con una sola palabra: “Depende”.

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